Horokeu "Rugadh e bhon talamh"
No lo sé, no sé como ocurrió bien, no recuerdo mucho, solo pasó que me desperté y estaba en el piso, de repente una suave brisa recorría mi rostro acariciando suavemente como si fuera parte del paisaje inamovible que se rendía ante la inmensidad. Recuerdo abrir los ojos y ver los árboles alzarse hasta el azul de cielo. Una tranquilidad me invadía el corazón y no entendía por qué, mi sentido me decía que estaba en el momento y lugar adecuados, lo demás no importaba.
Todo era muy misterioso y parecía ser perfecto tal como era, pero entonces me preguntaba. "¿Qué es todo esto?" No solo el lugar, sino como había llegado. No tuve otra opción que erguir mi cuerpo y ver a mi al rededor. Todo me resultaba extrañamente conocido, pero a la vez era como una experiencia nueva. ¿Mi cerebro me estaba engañando? Parecía un bucle infinito de déjà vu pero las voces e inquietudes de mi cabeza eran mucho más tenue en este sitio, y simplemente me rendí a la incertidumbre del presente, solté un suspiro ciego y pude sentir como mi aliento se fusionaba con el remolinear del viento, que retornaba entre las hojas eclípticas de aquellas plantas como formando una melodía. Era como ver mi alma escapar de mi cuerpo y saltar entre los pétalos de aquellos colores silvestres.
Finalmente me dispuse a levantarme y seguir el camino que formaban aquellas raíces tupidas de moho, la flora estaba tan entrelazada en si misma que parecía un solo ser latiendo al unísono, me indicaban un camino claro como llamándome a la aventura. El sol se filtraba entre la maleza, era un sol muy radiante y cálido, pude comprender entonces saliendo de ese tumulto de hojas en forma de nido, que no era más que el comienzo de este inmenso bosque.
Había como una especie de pequeños puentes naturales que conectaban los arboles con diferentes subidas, rocas y lianas, una cascada muy chica se alzaba ante mi, pasadizos secretos y antiguos que seguramente iban hacía algún lugar, era como si cargaran una historia que jamás fue contada. Cuando por fin pude subir hasta aquellos caminos un haz de luz naranja se poso en mi cara, no tuve más remedio que contemplar semejante obra de arte llamada atardecer, cual si fuese la primera vez en mi existencia que observaba el día despidiéndose para darle paso a la indomable noche.
Ya por fin con la luna posada sobre mi cabeza el lugar se transformó aún más, suena un irónico pero aunque la noche me abrazaba, el paisaje donde habitaba seguía un propio resplandor, entre lugares secretos que a simple vista no se percibían con claridad pequeños retazos de colores luminiscentes se movían de forma impredecible, saltando o bailando, algunos destellos eran como si flotaran con propia independencia, se exhibían en en el aire cual expresión artística se tratase. Tuve la capacidad de detenerme y poder percibir de nuevo esa melodía única que retumbaba cada vez con más sentido en mis oídos; y me llamaba, sutil pronunciando un nombre familiar. Un coro sinfónico de luciérnagas, bichitos de luz, grillos y espíritus revoloteando en pequeños universos como si fuese un jardín secreto que solo ellos conocían, me seguía sintiendo un visitante externo, pero la coreografía de magia que coexistía en armonía en este lugar me invitaba a soltar los rastros de humanidad que poseía para entregarme de lleno a este instante. No entendía lo que sucedía, solo lo abrazaba y me permitía experimentarlo desde adentro.
De pronto algo empezó a rodearme, desde los pies subía de apoco pero no se detenía, comenzó a fusionarse con mi piel y lejos de sentir dolor era como si tocaran con cuidado y me abrazaba por la espalda hasta llegar a mi nuca, sin percatarme quedé en el centro de todo y unos pilares con extrañas huellas comenzaban a brillar y repetir de nuevo ese nombre que me resultaba familiar. Todo quedo suspendido y una luz me envolvió hasta que por fin reino el silencio.
"Horokeu, Horoeku haz vuelto!"
"Horokeu, Rugadh e bhon talamh."



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